lugares perdidos

Sobre urbex, abandono e historias de decadencia y olvido.

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La primera vez que me oí

Publicado por Mario Alfonso el 15 junio, 2015
Publicado en: Cilleruelo, Consuelo Nuñez, Historias. Etiquetado: abandono, Cilleruelo de abajo, Consuelo Nuñez, Fantasmas, Pamestas, Peaton_pulse, urbex, urbexspain, zenalmor. 1 comentario

 

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Cuando llegué al colegio sabia juntar las letras con dificultad, pero en el colegio no tenía mucho que hacer, al principio seguía a los niños, y les hablaba… o lo intentaba… pero nadie me oía, ni siquiera yo oía mis propias palabras. Así que empecé a leer… me pasaba el día en la biblioteca, no se cuanto tardé en leer el primer libro,… mucho… pero lo acabé… Se titulaba La vuelta al mundo el 80 días, y en la portada había un globo volador, con una cesta donde había dos hombres y una mujer, con un vestido precioso yo nunca había visto ese tipo de vestidos.

Desde ese mismo momento, desee viajar, desee conocer otros países, otras ciudades, pero mientras, me acostumbré a vivir en el colegio, me acostumbré a los niños que iban y venían… que se iban y ya no volvía a saber de ellos. Me acostumbré a buscarlos y ver si por la noche dormían.

Cada día veía a los niños que llegaban al centro… tristes… lloraban… y yo les intentaba consolar… pero no me oían, no les podía acariciar… porque mi mano no se detenía con su piel… y les atravesaba. Tardaban unos días, pero ellos también se acostumbraban y al cabo de un tiempo volvían a sonreír, a jugar, a salir al patio, a no estar solos.

Y así pasaron otros 10 años, el colegio fue abandonado por los niños, y los curas que lo regentaban en 1947, y decidí volver a mi casa, tenía ganas de ver a mi madre. Cilleruelo había cambiado poco, algunas calles tenían aceras, alguna casa caída, pero poco cambio… sin embargo cuando llegué a mi casa, a nuestra casa… ya no estaba mi madre… ya no había nadie… la casa estaba abandonada… y parecía que hacía tiempo… No sabía que hacer… me recorrí el pueblo intentando encontrarla, entraba y salía de las casas… les veía escuchando la radio, ya no tenían gramola. Los vecinos eran desconocidos, no recordaba a nadie, no conocía a nadie. Pasaba los días por las calles de Cilleruelo, y las noches volvía a mi casa, sola, en silencio, sin nadie, esperando que mi madre volviera un día.

Un día me pareció reconocer a Alfonso, el cartero. Recordaba que cuando me fui venía a casa casi todos los días a acompañar a mi madre. Decidí seguirle… El hombre vivía solo, y no parecía que tuviera muchos amigos, de vez en cuando saludaba a alguien por la calle, pero siempre iba solo, siempre triste, cabizbajo. Su recorrido se limitaba a dar un paseo por el pueblo y volver a su casa, comía algo, solo… dormía una siesta en un sillón con enormes orejas y dejaba que pasara el tiempo, la vida… solo.

Le pregunté una y mil veces por mi madre, pero no me oyó, intenté mover el sillón, el tenedor, el vaso, intenté moverlo todo… que el viera que yo estaba allí, pero nada… todos mis esfuerzos eran inútiles.

Un día salió de casa y tomó otro camino… se dirigió al cementerio de Cilleruelo, y le seguí… era un día cualquiera… entró dentro, y a la entrada se detuvo delante de una lápida, en ella leí horrorizada: Juana Herraez, 1893- 1938. No podía ser!!!  Mi madre muerta, y no me había buscado? Y yo sin saberlo!!!

Mi enfado era mayor que mi pena… Porque estaba sola? Porque mi madre no me había buscado? En ese momento gruñí, gruñí como un animal, como un gato en celo, y me oí… yo me oí… y Alfonso me oyó, y se asustó, miró hacia todas partes pero sin ver nada… Pero a partir de ese momento, conseguí que la gente me oyera.

Volví a mi casa, a mi casa abandonada, sola, triste, sin esperanza pero sabiendo que podía conseguir que alguien me oyera.

By @Zenalmor

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Y así pasaban los días…

Publicado por Mario Alfonso el 26 mayo, 2015
Publicado en: Historias. Etiquetado: abandono, cilleruelo, Consuelo Nuñez, Fantasmas, zenalmor. 2 comentarios

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y así pasaban los días… Otra historia de Consuelo Nuñez

Me resultó difícil tomar conciencia de que estaba muerta, acababa de cumplir 6 años, y mi vida entera giraba alrededor de mi madre de Juana. No podía separarme de ella, la veía llorar todas las noches, sola en la cama… ya no ponía la gramola con esa música pegadiza que a ella le gustaba escuchar mientras hacia la cena, de hecho ya no cenaba… a veces nuestra vecina Doña Lucia le traía algo de comer, una tortilla, un guiso o un pastel, a mi madre le encantaba el pastel de Doña Lucia, pero la mayoría de los días acababa en la basura sin que Juana ni siquiera lo hubiera tocado.

Me di cuenta de que no podía separarme de mi madre, pero que tenia que irme, y había aprendido a atravesar las paredes y los armarios… me desplazaba con cierta facilidad por la que hasta entonces había sido mi casa. Aún no era capaz de mover objetos, no era capaz de sujetar a mis muñecas, seguían esparcidas por el suelo, en el mismo lugar en las que se quedaron cuando la descarga eléctrica me mató. Mi madre las miraba pero no las había recogido. Mi padre apareció un día por casa, le debían haber dicho que yo había muerto, pero mi madre no le dejó entrar en casa… le gritó y le dijo que se fuera con sus fulanas. El se fue… y ya no he vuelto a verle.

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Un día mi madre recogió las muñecas, salió de casa con ellas en una bolsa y se las entregó a la hija de una vecina que acababa de cumplir 6 años y que según le había oído a mi madre, le recordaba a mi… yo no la había conocido, nació después de que yo hubiera muerto. Entonces me di cuenta de que ya llevaba al menos 7 años muerta, y que seguía ahí pegada a mi madre. Ella seguía hablando cada día con Alfonso, que ya era el cartero oficial del pueblo, y que algunas noches pasaba en casa con mi madre, ella ya había dejado de llorar todas las noches, ya comía, y alguna vez volvía a poner la gramola con esa música pegadiza.

Decidí que debía dejar a mi madre, que no sabia cuanto tiempo iba a estar así… y calculé que debía ser 1939, y que algo debía haber pasado en España, que Alfonso cada vez que venia a casa era con noticias tristes de gente del pueblo, y que en España había una guerra… así que tranquilamente atravesé por primera vez el muro de la casa y salí al exterior. No noté mucho cambio, al principio no… según me iba alejando de la que hasta entonces había sido mi casa, empecé a ver diferencias. En el pueblo no había jóvenes…

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Me alejé de Cilleruelo, y me dirigí a mi colegio, donde estudiaba parvulitos, estaba a las afueras del pueblo, justo detrás de la iglesia, llegué rápidamente y el colegio ya no era igual, las aulas donde los niños y las niñas íbamos juntos a clase, se habían convertido en pequeñas habitaciones con 4 literas en cada una de ellas, con unos pequeños armarios que separaban entre si las literas. El colegio estaba vacío… pero en el exterior se oía un griterío de niños. Atravesé las paredes y llegué al antiguo patio.. estaba lleno de niños que corrían de un lado hacia otro… parecían felices. Me pareció un buen sitio para quedarme.

by @zenalmor

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El cementerio de Cilleruelo

Publicado por Mario Alfonso el 23 mayo, 2015
Publicado en: Cementerios, Cilleruelo, Historias. Etiquetado: Cilleruelo de abajo, Fantasmas, Lerma abandonado, Peaton_pulse, zenalmor. Deja un comentario

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Como cada fin de semana, mis primos y yo los pasábamos en Cilleruelo, a veces también venia mi hermana Ami, pero ya se había echado un noviete y se sentía mayor para hacer tonterías por el pueblo, como decía ella. Un amigo mío y yo teníamos la costumbre de visitar el cementerio del pueblo por la noche y quedarnos ahí pasadas las doce de la noche para ver si pasaba algo paranormal o simplemente para probar nuestro valor, cada sábado era lo mismo, a las nueve de la noche con una mochila repleta de golosinas y refrescos partíamos rumbo al cementerio, el cementerio estaba bastante céntrico dentro del pueblo, por lo que nuestros padres ni siquiera sabían de nuestra aventura, para ellos pasábamos los sábado en el frontón del pueblo.

Una noche llegó mi amigo y juntos nos sentamos en el comedor para degustar de una cena que mi madre nos había preparado cuando de pronto hubo un corte de energía eléctrica y nos quedamos solo con la luz de la farola que venia del exterior de la calle. Mi amigo preguntó ¿A que no te atreves de que vayamos ahora al cementerio?. Yo le respondí ¡pues claro!, y juntos nos fuimos rumbo al cementerio cuando a medio camino mi amigo se encontró con su madre y se quedó con ella, yo seguí hacia el cementerio y le dije a mi amigo que le esperaba allí.

Cuando llegué al cementerio noté que en la entrada se encontraba un anciano sentado fumando muy tranquilamente, yo lo saludé con un ¡Buenas Noches señor! y el me respondió muy tranquilo: buenas noches hijo. De pronto lo reconocí, era un señor que hacia al menos dos años que no veía, de hecho pensaba que había muerto, al conocerlo entable conversación con el que por cierto no dejaba de fumar y el me dijo que a los muertos había que tenerles respeto y que ya no visitara de noche el cementerio porque era peligroso. Poco después de hablar con el unos veinte minutos y al ver que mi amigo no llegaba me despedí de el anciano quien se llamaba Eulalio y en el pueblo le decían don Lalo, le di la mano y le dije: pase buena noche Don Lalo y gracias por el consejo, a lo que el me respondió: no vengáis por aquí de noche porque no es bueno.

Al llegar a casa le comenté a mi madre lo ocurrido y le conté que el señor que estaba en la entrada del cementerio era Don Lalo que hacía tiempo que no lo veía, mi madre muy asustada me dijo: ¡Hijo por el amor de Dios, si Don Lalo falleció hace como un año! yo le respondí no mamá si yo he hablado con el y hasta le di la mano, mi madre me contestó: No hijo si Don Lalo una noche lluviosa que iba para su casa se cayó ahí por la entrada del cementerio y se quebró una pierna y como nadie se dio cuenta porque era muy noche, el pobre viejito llevó toda el agua de toda la noche y se murió de frío y eso fue en la misma entrada del cementerio.

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La pastilla de la felicidad

Publicado por Mario Alfonso el 16 mayo, 2015
Publicado en: Historias. Etiquetado: clinica, felicidad, muertos, pastilla morada, psiquiatra, urbex, zenalmor. 3 comentarios

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Era el primer día que la veían. Entró en la sala del comedor con la bata blanca que solían vestir todos los médicos, y con una gran sonrisa.  Su cuerpo era imponente, pero ella parecía desprender cierta simpatía. No era como la enfermera de todos los días, Marisol.

Dentro del comedor una de las familiares de un anciano enfermo le saludó mientras se marchaba, ella le devolvió el saludo con una media sonrisa. Una vez se marchó la mujer, Susana se colocó en el centro del  comedor, era el lugar en el que siempre se ponía Marisol para repartir las medicinas.

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Todos ellos eran enfermos mentales a los que sus familiares habían ingresado en una clínica experimental que trataba la enfermedad a través del análisis y la observación. En los folletos informativos se leía que este centro médico seguía las corrientes de Emil Kraepelin, que consideraba que cada enfermo tenia su propio tratamiento.

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Susana sabia que eso no era cierto, que los enfermos eran sometidos a infinidad de terapias no muy éticas y ella consideraba que hacían sufrir innecesariamente a los pacientes que ya todos eran ancianos.

Como Susana hizo lo mismo que hacia Marisol, todos los ancianos supieron reconocer que ese era el momento de tomar las pastillas correspondientes para sus tratamientos y comenzaron a crear una fila.

El primero fue Francisco, quien se adelantó a todos gracias a que ya se encontraba recuperado de las toses de la semana pasada que por poco lo conducen al hospital. Con paso lento pero decidido, Francisco llegó hasta la psiquiatra y le pidió sus pastillas. Ella, sin embargo, sólo le dio una sola pastilla, morada. Él se sintió extrañado y le preguntó si su mejoría en las toses hacía que sólo necesitase una pastilla, a lo que ella respondió con un gesto afirmativo con la cabeza.

Detrás marchaba Amparito, a quien también le entregó una sola pastilla igualmente morada. Luego se acercó Pedro y también recibió una pastilla morada únicamente como medicación. Rafael, Miguelito, doña Almudena, el señor Luis, Felipe el cubano y una sucesión incontable de ancianos recibieron, uno tras otro, la misma pastilla morada.

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Francisco, el primero en tomar la pastilla, se sentía bien, cada vez con más fuerzas, con un sentimiento positivo que le inundaba toda su personalidad. Se sentó en su cómodo sillón y descansó unos minutos. Tenía sueño, así que cerró los ojos.

La familiar que acababa de salir estaba cruzando la puerta de la clínica cuando se cruzó con la enfermera Marisol.

– “Hola Marisol, ¿qué tal? Justo ahora acabo de cruzarme con la nueva psiquiatra”, le informó.

Marisol, extrañada, le contestó:

– “Creo que te confundes querida, no hemos contratado a nadie no hay ninguna nueva psiquiatra, el único que sigue es Don Felipe”.

Las dos, confundidas por esta extraña mujer a la que nadie conocía, regresaron al salón del comedor de la clínica. Cuando llegaron todos los ancianos estaban en sus respectivos sillones. Todos parecían dormir, pero no estaban dormidos, estaban muertos. Con una sonrisa leve en la cara. Y unos labios ligeramente manchados de morado. No había ni rastro de Susana. Pero todos parecían haber muerto felices.

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De cuando todo empezó….

Publicado por Mario Alfonso el 12 mayo, 2015
Publicado en: Consuelo Nuñez. Etiquetado: abandono, Cilleruelo de abajo, Consuelo Nuñez, Fantasmas, Peaton_pulse, urbex, zenalmor. 2 comentarios

El origen de Consuelo Nuñez, el fantasma de Cilleruelo

Consuelo Nuñez

Enero de 1911. Era una noche oscura, sin Luna, sin viento y profundamente tenebrosa, en un pequeño pueblo de la comarca de Burgos La pequeña Consuelo vivía con su madre Juana, vivían las dos solas en un enorme caserón en lo alto de un cerro.  Se tenían la una para la otra, y a su manera eran felices. Su padre, a quien no recordaba en absoluto, hacía mucho tiempo que había desaparecido más atraído en las faldas de otras mujeres que en las de su propia esposa. Nunca había regresado. Y a ella no le importaba, y a Juana daba la sensación de que tampoco, entretenida como estaba en dar conversación a un joven funcionario de correos que se había instalado hacia unos meses en Cilleruelo, que así se llamaba el pueblo.
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Mientras Juana preparaba la cena, Consuelo se dedicaba a peinar a sus muñecas. Era un juego que le encantaba. Tenía muñecas de todos los tamaños, de todas las formas, princesas, hadas, modelos… todas eran geniales, le encantaban todas sus muñecas… no sabría decidirse por su favorita, todas iban con ellas en cualquier desplazamiento, aunque solo fuera de su habitación a la cocina, tenia que ir con todas ellas.

Consuelo peinaba con detenimiento las muñecas mientras en el piso de abajo su madre preparaba unas patatas fritas en la sartén… Consuelo oía música por lo se imaginó que su madre tendría puesta la gramola, que era una novedad, tenia una manivela a la derecha con la que el aparato cogía fuerza para escuchar y una bocina exterior que era la que reproducía el sonido de un disco duro como la piedra. A Juana, porque decía que le daba compañía mientras la pequeña Consuelo jugaba a solas.

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De repente, hubo un fugaz apagón, la bombilla de la habitación de Consuelo se apagó  durante dos segundos y recobró su fuerza luminosa al instante. Abajo, la gramola dejó de funcionar, la luz regresó pero no se oyó ningún ruido. Consuelo esperó unos segundos más y oyó cómo un vaso se estrellaba contra el suelo. Se levantó de repente y preguntó:

  • ¿Mamá? ¿Estás bien mamá?

Esperó de nuevo un par de segundos más. Nada. Silencio absoluto. Cuando Consuelo se dispuso a bajar oyó el grito desgarrador de Juana.

  • ¡AAAAHHHH!

Consuelo se quedó totalmente congelada. Su madre, la mamá protectora que siempre le cuida, gritaba de auténtico terror. Antes de que pudiera reaccionar oyó de nuevo su grito.

  • ¡Consuelo, baja deprisa! ¡Consuelo, ayúdame por favor! ¡Consuelo!

Ante la llamada de auxilio de su madre, Consuelo corrió escaleras abajo. Pero todo estaba a oscuras, la luz no había vuelto como en el piso superior. Mamá debía estar en la cocina y se dispuso a caminar hacia allí cuando, de repente, una mano le tapó la boca y un brazo cogía su menudo cuerpo y lo arrastraba al armario del descansillo, donde se cerró la puerta.

En la cocina, el grito se repetía:

  • ¡Consuelo, baja deprisa! ¡Consuelo, ayúdame por favor! ¡Consuelo!

Pero Consuelo ya no estaba preocupada por mamá. Porque ahora estaba con ella. Se giró y vio la cara de su madre preocupada señalando con el dedo índice sobre los labios que mantuviera silencio. Y silencio mantuvo, mientras se preguntaba ¿quién o qué gritaba desde la cocina con la misma voz que mamá? 

Entonces en ese momento, Juana, la Juana que gritaba desde la cocina subió las escaleras y atravesó a Consuelo, ni siquiera la miró, la atravesó como si fuera humo, sin percibirla y llegó a la habitación de Consuelo, donde ésta yacía, muerta, víctima de una electrocución. La niña tenia la bombilla en la mano y las muñecas estaban esparcidas por el suelo. En ese momento, solo en ese momento Consuelo se dio cuenta de que estaba muerta. 

A partir de este momento Consuelo se convirtió en la fantasma de Cilleruelo.
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Fortunato Martín Vadillo

Publicado por Mario Alfonso el 6 mayo, 2015
Publicado en: Cilleruelo, Historias, Residencial. Etiquetado: Castil de Carrias, Fantasmas, Peaton_pulse, urbex, zenalmor. Deja un comentario

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Como cada verano pasábamos el tiempo en la casa de Cilleruelo, cada mañana sacábamos las bicicletas y salíamos mis primos y yo con el resto de los niños del pueblo. La verdad es que era maravilloso, pasar de Madrid a Cilleruelo, los tres estábamos deseando que llegara un fin de semana largo o unas vacaciones para estar allí. Un día, mi prima Marina que estaba muy obsesionada con los fantasmas convenció a mi tío Mario para que nos llevara a los tres a un pueblo abandonado cercano que se llamaba Castil de Carrias, y mi tío Mario que lo que más le gusta en el mundo es ir de abandonos, como dice él, cogió su coche Megane blanco del año de la polca, nos metió a los tres dentro, cogió su equipo fotográfico y nos llevó al pueblo.

Era impresionante, recuerdo el silencio de recorrer todas las calles vacías, cuando el coche se acercaba verlo desde lo alto, todo vacío, las casas en pie, nadie, ningún ruido, solo los pájaros y los moscardones que volaban a sus anchas. Recuerdo a mi tío intentando entrar en todas las casas que tenían la puerta abierta, subir por escaleras, mientras nos decía que tuviéramos cuidado y que pisáramos lo más cerca posible de las paredes. Subimos a una especie de taberna, con una barra llena de polvo, botellas por el suelo y por encima de una especie de mesa, o lo que quedaba de ella de madera. Yo no dejaba de imaginarme como habría sido ese pueblo cuando llegó a tener 300 habitantes, y pensé que era como Cilleruelo, y pensaba como seria si poco a poco todos los vecinos de Cilleruelo se hubieran ido muriendo o abandonando el pueblo para encontrar trabajo en Burgos o Madrid.

Pensé en que mi tío me contó un día que durante meses había vivido un hombre solo, un pastor y que una mañana unos cazadores se lo encontraron muerto, con el fuego aún encendido. Pensé en como habrían sido esos meses en los que había vivido solo, en lo que pensaría, en si hablaría solo para oír su voz. En el sonido de los pájaros y de los insectos.

Y así sumido en mis pensamientos fue cuando mi primo Miguel nos gritó que fuéramos que había un niño que estaba llorando y que nos pedía ayuda. Marina, Mario y yo fuimos corriendo hasta el lugar donde se encontraba Miguel y efectivamente vimos a un niño vestido de una forma extraña, con chaqueta y pantalón negro, y un corbatín realmente ridículo. Marina y yo nos reímos de su aspecto, Miguel nos dijo que el niño lloraba porque no encontraba a su cabra y los cuatro caminamos con el buscando a su cabra, le acompañamos un trecho caminando, hasta que llegamos a la entrada de una especie de cementerio, lleno de vegetación que estaba anexo a la vieja iglesia, no quisimos entrar con él, y le dijimos que entrara solo, pero cuando entró le seguimos a través de una puerta de madera desvencijada.

El cementerio era muy antiguo y tenía mucho monte, un lugar perfecto para una cabra pero pensamos que no era un lugar no muy seguro para un niño tan pequeño, así que llamamos al niño pero ya no lo veíamos. En ese momento, encontramos a una cabra, que intentaba llamar nuestra atención y dedujimos que nos quería enseñar algo y la seguimos. Se detuvo delante de la única tumba que había en el cementerio abandonado, que curiosamente tenia flores y estaba bien cuidada y en donde encontramos la foto del niño con la misma chaqueta negra y el mismo corbatín, en la placa ponía Fortunato Martín Vadillo y cuya fecha de vida era de 1900-1907. Salimos asustados y mi prima se cayó, y cuando fui a ayudarla, vi a la cabra y al niño jugando.

Mi prima y yo nos quedamos alucinados… Que era lo que estábamos viendo? El niño nos sonrío desde lejos y agitó su manita saludándonos… En ese momento oímos como Mario nos llamaba: Rafa, Marina! Vámonos!! al girarnos de nuevo el niño y la cabra habían desaparecido.

By @Zenalmor

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El hotel de Cilleruelo

Publicado por Mario Alfonso el 30 abril, 2015
Publicado en: Cilleruelo, Consuelo Nuñez, Residencial. Etiquetado: aquapark, Cilleruelo de abajo, Consuelo Nuñez, Fantasmas, Misterio, Peaton_pulse, urbex, zenalmor. 3 comentarios

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La casa del matrimonio Alfonso en Cilleruelo no tenía nada de particular, excepto su gran número de habitaciones, todas igualmente confortables. La pareja la había conseguido por un precio razonable… después de negociar mucho con los descendientes de los dueños de la casa, un pobre anciano en silla de ruedas y su hijo disminuido psíquico. Todas las gestiones hasta que el matrimonio Alfonso pudo llegar a una compra satisfactoria las había realizado un sobrino no muy agraciado físicamente, al que en el pueblo llamaban con sorna «el galán». En principio fue adquirida con la intención de convertirla en una pensión, donde pudieran alojarse funcionarios o empleados de la vecindad.

Gracias a sus precios económicos, el negocio prosperó, y poco a poco iban teniendo clientes fijos, pero un buen día un empleado joven llamado Miguel se marchó bruscamente asegurando que su habitación estaba embrujada. Miguel había sido el primer inquilino de esa habitación, y la huida había pasado después de su primera noche, así que antes de volverla a alquilar, decidieron comprobar por sí mismos lo que ocurría en ella.

Desde la primera noche reconocieron que Miguel no había mentido.

Entre la una y las dos de la madrugada, la señora, Amalia,  fue despertada por un extraño ruido, como el de un enorme gato arañando el parquet. Al mismo tiempo, su marido, Mario,  también se despertó y los dos oyeron en silencio como el extraño ruido aumentaba y disminuía, como si su misterioso autor se acercara y alejara de la cama. Mario no pudo más y gritó:

-¿Quién eres y qué haces aquí?

El ruido cesó, pero un segundo después, las sábanas fueron arrancadas violentamente de la cama. Amalia encendió una vela que guardaba cerca de sí. En el cuarto no había nada, sin embargo, no encontraron las sábanas.

Se levantaron y asustados cerraron con llave y se fueron a pasar el resto de la noche en su dormitorio. A la mañana siguiente, volvieron a la habitación de Miguel y encontraron las sábanas revueltas sobre la cama; el cubrecama, de gruesa lana, estaba intacto, pero las sábanas estaban hechas jirones.

Amalia se negó a repetir la experiencia, pero su esposo, obstinado, volvió a instalarse en la habitación embrujada. Esta vez mantuvo una linterna encendida en la cabecera de la cama. Tardó mucho en dormirse, pero cuando empezaba a vencerlo el sueño, fue sobresaltado por el mismo ruido de la noche anterior. Mario se incorporó y vio, a la luz de la lámpara, a una joven de aspecto miserable, con un blanco vestido, de pie en el centro del cuarto, contemplaba a Mario con evidente desconfianza.

Pese al miedo, Mario preguntó a la joven cuáles eran sus intenciones. A modo de respuesta, ésta empezó a resoplar como un gato furioso e intentó agarrar las sábanas. Entonces Mario notó que sus manos descarnadas eran extraordinariamente largas y que terminaban en uñas como garras. Casualmente, Mario tanteó junto a la cama una caña de junco, la tomó y con ella intentó apartar las garras de la joven. No encontró resistencia alguna y el junco atravesó el cuerpo de la joven como si fuera de humo. Entonces la joven fantasma retrocedió, lanzando amenazas y hundiéndose en la pared, desapareció. La noche terminó tranquilamente. La pareja sacó los muebles y cerraron el cuarto. El fantasma no quebró la paz de ninguna otra habitación. Pero aproximadamente dos años después el matrimonio recibió la visita de un primo de Mario y decidieron hablarle  del extraño suceso. Pedro, que así se llamaba el primo de Mario, no creía en fantasmas y se ofreció a pasar la noche en la habitación del fantasma, como habían decidido llamar a esa habitación.

Pedro, a pesar de su incredulidad cerró la habitación con llave e incluso aseguró la puerta con un sólido cerrojo. Entre la una y las dos fue despertado por una fuerte sacudida en su cama y vio a la joven que lo observaba, colérica. Cuando Pedro se disponía a levantarse, la joven retrocedió, gruñendo como un gato furioso y desapareció. Luego se oyeron muchos golpes de gran violencia contra (o dentro) de los muros y un enorme trozo de yeso se desprendió del techo. Pero el espectro no volvió a aparecer. Pedro salió de la habitación asustado y decidió no volver a dormir ahí.
By @Zenalmor

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DECALOGO DE FOTOGRAFOS URBEX

Publicado por Mario Alfonso el 29 abril, 2015
Publicado en: Consejos. Etiquetado: abandono, Consejos, fotografos, Peaton_pulse, urbex. 1 comentario

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1.-VER SIN SER VISTO. TE EVITARAS PROBLEMAS.

2.-NO DEJES TU HUELLA.TE LO AGRADECERA EL SIGUIENTE FOTOGRAFO

3.-NO DESVELES NUNCA LOCALIZACIONES. EVITARAS VANDALISMO Y GRAFITEROS

4.-NO TE LLEVES NADA AUNQUE TE PAREZCA VALIOSO

5.-RESCATA DEL OLVIDO A TRAVES DE TUS FOTOGRAFIAS. PERPETUARAS TU TESORO

6.-NUNCA VAYAS SOLO A UN ABANDONO. SIEMPRE HAY RIEGO

7.-NO PISIES ALEGREMENTE SIN AFIANZAR EL SUELO

8.-VIGILA NO SE TE CAIGA EL SUELO O EL TECHO

9.-SIEMPRE USA UNA BUENA LINTERNA

10.-HAZ TUS FOTOS CON TRIPODE

Y RECUERDA………..

DISFRUTA A TOPE

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El tren fantasma

Publicado por Mario Alfonso el 25 abril, 2015
Publicado en: Ferrocarril, Transporte. Etiquetado: abandono, Bunker, castillejos añover, Fantasmas, Misterio, Peaton_pulse, tren, urbex, urbexspain, zenalmor. 10 comentarios

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Esta historia me la contó José Miguel Alfonso, que es quien hizo la fotografía que ilustra el relato.
Jose Miguel (Pepe) estuvo desaparecido más de tres años. Exactamente 40 meses. Desapareció un buen día mientras hacia fotografías de estaciones de tren abandonadas, tenia interés por el tema de los abandonos y lo que más le atraía eran los trenes y las estaciones. Se había hecho un reportaje fotográfico de todas las estaciones de tren abandonadas en la linea Madrid- Burgos, y gracias a ese reportaje había recibido un encargo para una empresa que hacia videoclips de grupos de estilo linkin park, o lo que en esa época y por España se llamaba punk rock o punk pop y necesitaban localizaciones de estaciones de tren con mucho graffiti y con cierta decadencia.
Esa mañana había estado desayunando en un bar de un pueblo cercano y preguntó por la estación de Castillejos, le habían comentado que estaba deteriorada pero que sus instalaciones aguantarían bien un rodaje, la gente del pueblo que se encontraban en el bar, le dijeron que llevaba más de cinco años sin que parara un tren, y que incluso antes solo lo hacían los trenes de mercancías, así que hasta allí se dirigió.
Se encontraba en la estación de tren de Castillejos haciendo fotos cuando apareció un tren con dirección a Madrid, le pareció súper extraño, la estación estaba abandonada y nadie en el pueblo cercano le había dicho que ni siquiera pasara algún tren.
El tren paró, y nadie bajo y por supuesto el estaba solo en la estación, así que era el único que podía subir, se acercó a mirar por las ventanas del tren detenido en la estación no se veía nada… y decidió subir a hacer una foto del interior. Las puertas se cerraron y el quedó en su interior. Angustiado buscó la llave de emergencia para intentar detener el tren, no la encontró, sabia que RENFE había incluido el ASFA en 1970 en todos los trenes y busco en todas las paredes. Recorrió todos los vagones, no había nadie en ningún vagón, pero los asientos y el mobiliario estaban como nuevos, andando llego a la máquina… el tren no tenia conductor… pero las palancas se movían solas…
Asustado y cansado se sentó en una butaca al lado del asiento del conductor, y se quedó dormido, cuando despertó el tren se había detenido en medio del campo.. y tenia las puertas abiertas, salió como alma que lleva el diablo, y me llamó al movil… Hacia 40 meses justos que todos le estábamos buscando.
By @Zenalmor

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Doctor Pepito

Publicado por Mario Alfonso el 17 abril, 2015
Publicado en: Belgica. Etiquetado: Belgica, Dr.Pepito, Peaton_pulse, urbex. Deja un comentario

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Otra mañana más que me despierta el maldito teléfono… y al otro lado no contesta nadie, nadie dice nada,… no se oye ni una maldita respiración. Me pone de mal humor,  ya son tres días seguidos… me obliga a hablar solo, odio hablar solo…y cuando hablo solo, me acuerdo de que Irene no está para escucharme, y pienso en hacer el amor con ella, en lo que nos ha gustado durante 40 años hacer el amor… cada jueves.. solo cada jueves…cuando su marido desaparecía misteriosamente. Durante los primeros años de nuestra relación nos preguntábamos donde iría su marido, le llamábamos entre nosotros el “doctor Pepito”, y nos hacía mucha gracia. Poco a poco nos dejó de importar y pasábamos los jueves sin acordarnos de que los dos teníamos otra familia, otra vida… Y así pasaron 40 años, 40 años de pensiones, de hoteluchos baratos, de llegar cada uno por su lado, 40 años de pasión, 40 años de felicidad…. No se que año es ahora, no se que dia es cuando suena el teléfono, no se porque suena el teléfono, no se si Irene está viva o muerta, no se porque sigo aquí cada mañana y porque me sigo despertando en este hospital abandonado… no se que pasó, Solo se que el Doctor Pepito nos encontró y nos disparó.

By @zenalmor

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