lugares perdidos

Sobre urbex, abandono e historias de decadencia y olvido.

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Culpabilidad

Publicado por Mario Alfonso el 11 abril, 2021
Publicado en: Segovia. Etiquetado: @peaton_pulse, @zenalmor, Mario Alfonso. Deja un comentario

Era la tercera reunión a la que iba, en ninguna de ellas había hablado pero escuchaba con interés lo que los otros miembros decían. 

Hoy era especial, había decidido contar porque empecé a beber, se lo dije a mi ayudante, a él no le gusta que digamos padrino, le suena a la mafia, el me había dicho que me tomara mi tiempo, que lo importante era seguir con mi proceso de recuperación y que siguiera los doce pasos.

En esta asociación, el formato era la presentación y se pasaba directamente al testimonio de un miembro y después del testimonio todos podíamos compartir nuestros pensamientos. 

Oí mi nombre, sentí una angustia terrible en el pecho, pero me levanté y me subí al pequeño escenario que había. No éramos muchos, seríamos 8 o 9 miembros, y de hecho había dos que no había visto en las otras dos reuniones, pero conocían a los demás.

Les miré a la cara, y me presenté, y ahí me fui a negro, mi cabeza empezó a llenarse de recuerdos, un bombardeo de imágenes, de sonidos, de miedos.

Volví a mi casa con mi padre y mi hermano. Mi hermano tenia discapacidad intelectual moderada, es decir que podía hacer cosas pero siempre nos miraba a mi o a mi padre para que le dijéramos si lo que hacía estaba bien. Mi padre bebía, mucho, cada vez bebía más, y gritaba a mi hermano, le llamaba idiota y le insultaba y yo me sentía cada vez peor, peor por mi hermano, porque mi padre ya no me importaba.

No se si porque mi padre bebía, porque no me gustaba lo que hacía, porque no me gustaba que insultara a mi hermano, yo también empecé a beber. Tenia 11 años cuando empecé a beber.

Mi hermano y yo íbamos al colegio juntos, aunque el tenía 14 años, estábamos en la misma clase y nos sentábamos juntos. Se había decidido eso para que yo pudiera ayudarlo. Estábamos en quinto de EGB cuando pasó todo.

Yo llevaba ya más de tres meses bebiendo diariamente, al principio solo fue para probar, para ver porque nuestro padre lo hacía todos los días, pero luego me gustó ver como me hacía sentir el alcohol. 

Llegamos del colegio y nuestro padre estaba en casa, no era lo normal, desde que nuestra madre muriera hacía cinco años, una vecina venía todos los días, nos arreglaba la casa, y nos dejaba la comida y la cena de cada día. Ella venía por la mañana, cuando no estábamos ninguno y cuando llegábamos a casa ya se había ido. A veces cuando mi padre estaba muy mal, mi hermano y yo nos íbamos a su casa, tenia un hijo de siete años y hacía muy buenas migas con mi hermano.

Mi padre, a pesar de que siempre estaba borracho, por las mañanas seguía trabajando en la serrería, según avanzaba el día bebía, y cuando llegaba a casa, seguía haciéndolo. No bebía en los bares del pueblo, siempre lo hacía en soledad en nuestra casa.

Ese día empezó a gritarle a mi hermano según llegamos a casa, le insultaba y le decía que le estaba robando sus botellas. Ahí me di cuenta que tenía más control del que yo pensaba de sus botellas. Mi hermano se puso a llorar, que era algo que hacía mucho cuando le gritaban. Eso ponía más furioso a mi padre y entonces empezó a pegarle. Yo nunca había visto que le pegara, y me lance sobre él como una furia, mi padre se cayó ante mi embestida, y se golpeó la cabeza con el piano, perdió el conocimiento. Mi hermano no dejaba de gritar, y vino nuestra vecina, abrió la puerta con su llave.

A mi hermano y a mi, nos separaron, no lo he vuelto a ver, ni a mi padre tampoco. Yo he ido pasando de un centro de menores a otro, y en todos ellos he tenido problemas con el alcohol. Me dijeron que mi hermano había vuelto a casa de mi padre. No lo se, yo lo único que siento cada vez que me acuerdo de ese día, es que si no hubiera empujado a mi padre, yo hubiera podido seguir con mi hermano.

Todo eso es lo que me vino a la cabeza, pero me senté y no pude decir nada… 

Se que la casa sigue en pié, mi padre y mi hermano murieron los dos, el mismo día y la vecina a la que pregunté me dijo que ella no sabía nada. Cuando ellos murieron yo tenía solo 15 años.

Historia: Eva Saez Sanchidrian

Fotos: Mario Alfonoso

Localización: Segovia, España.

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Liceo Francés en 2013

Publicado por Mario Alfonso el 21 febrero, 2021
Publicado en: Educación. Etiquetado: @peaton_pulse. 1 comentario

En el año 2013 visite este colegio en mis comienzos como explorador de URBEX. En su día no subí al blog ninguna foto porque no me parecían interesantes.

Este sábado 20 de febrero de 2021 lo he vuelto a visitar casi por casualidad y sin equipo adecuado para hacer fotos decentes solo la cámara del móvil. Es tal el nivel de degradación actual que me ha perecido adecuado abrir un hilo con las fotos que hice en el 2013. Las fotos no tienen demasiada calidad pero por lo menos me hace ilusión el que sea un pequeño testimonio.

Por lo poco que he podido encontrar de información, el edificio es de 1984 y se abandono en el 2008.

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La biblioteca

Publicado por Mario Alfonso el 24 enero, 2021
Publicado en: Alemania, Relatos. Etiquetado: @peaton_pulse, @zenalmor. 2 comentarios

La enfermedad no le daba tregua; solo ansiaba dormir. Cerró las ventanas, bajó las persianas y se dejó mecer por la voz profunda de Amaia Montero, en la más completa oscuridad, le seguían gustando La Oreja de Van Gogh. Tanteando las paredes con dedos trémulos, tropezó con el sillón, se sentó recostándose y esperando a que la venciera el sueño. Le encantaba la biblioteca, era un espacio señorial, libros y libros y más libros, siempre había sido su lugar favorito, había pasado días enteros leyendo libros en ese sillón. El olor de los libros… le encantaba hojear los libros solo para captar su esencia, su olor.


La voz de la cantante le llegaba desde muy lejos, como un eco devuelto por las profundidades submarinas, y así se quedó dormida. La primera vez que llamaron al timbre, el vibrante sonido parecido a la sordina de una trompeta la sacó de un duermevela erizado de pesadillas. La boca le sabía a tierra. Se levantó trabajosamente y con paso vacilante se acercó a la puerta. No había nadie. La segunda vez, aturdida y extrañada, volvió a levantarse para mirar, pero el umbral seguía vacío.


La tercera vez, al sonido del timbre se unieron unos golpes secos en la puerta. Convencida de que estaba siendo víctima de una broma pesada, abrió de improviso para pillar al bromista. Nadie.

Volvió hacia el sillón, estaba muy cansada y no le hacía gracia la broma, se estaba enfadando, seguía sonando la oreja de Van Gogh, le gustaba más Amaia Montero que la nueva cantante, que intentó recordar su nombre pero no lo consiguió, aunque pensaba que ella también cantaba muy bien.

Se quedó dormida y le volvieron a despertar, otra vez el timbre, insistente, muchas veces, pero esta vez ni siquiera intentó levantarse, no le hacía gracia la broma, volvió a cerrar los ojos y se dio cuenta que ya no se oía a Amaia Montero, abrió los ojos y no sabía donde estaba, intento ir hacía las ventanas a subir las persianas pero no fue capaz de encontrarlas… Trataba de llegar a una pared, de tocar algo que su mente reconociera en la oscuridad total… Intentó volver al sillón a ver si desde ahí era capaz de llegar a una pared…

Llevaba el brazo estirado, intentado tocar algo con sus dedos, no era capaz de orientarse, de repente algo le agarró por un tobillo, y la hizo caer, gritó y se dio un golpe en la cabeza, perdió el conocimiento y entonces soñó…soñó que se caía por un agujero que no tenía fin, y caía y caía, agitando los brazos, intentando sujetarse a algo que no había. Notó que la sacudían la cara, que gritaban su nombre, que corrían a su alrededor. Ella intentaba contestar, intentaba abrir los ojos, pero seguía cayendo por el agujero negro, hasta que topó con el suelo, pero ya no pudo abrir los ojos.

Texto de Eva Sáez

Fotografía de Mario Alfonso

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El colmado

Publicado por Mario Alfonso el 2 enero, 2021
Publicado en: Relatos. Etiquetado: @peaton_pulse, @zenalmor. Deja un comentario

Después de gritos, carreras, golpes, pisar a gente, consigo entrar en un colmado, había una plancha de metal como de unos quince centímetros, supongo que de los dueños y consigo taponar la puerta, busco muebles, todos están rotos, creo que la horda ya ha pasado por aquí.

Intento mover el mostrador que tiene una vieja caja registradora, pero no puedo con el, pesa mucho, así que voy cogiendo los restos de muebles que hay esparcidos por el colmado y los voy colocando a modo de fuerte delante de la plancha de metal. Fuera se siguen oyendo los gritos, pero he de reconocer que cada vez se oyen como más lejanos. Algún llanto ocasional, llamadas de auxilio y, sobre todo, el desagradable sonido de la salivación mientras se mastica. Ignoro cuántos quedaremos sanos, limpios, inmaculados o como a bien tengan llamarnos. Sí estoy seguro de que, en mi grupo, apenas salimos doce. Por el camino, siete sufrieron infecciones varias por dentelladas y arañazos. Tres tropezaron entre sí, quedando a merced de las criaturas, otrora compañeros, que necesitaban transmitir la virulencia. Solo quedábamos Mario y yo, que seguíamos corriendo como posesos, y que en un arrebato de heroicidad, viéndonos completamente cercados, me empujó al colmado, interponiendo su cuerpo lacerado entre la puerta y la plaga atrancando la gran plancha de metal.


Estoy orgulloso de él, ¡cómo no estarlo! ¿Hubiera hecho yo lo mismo? A saber. Ahora no puedo pensar en eso, tan solo en contar los gritos que quedan para que todo acabe. ¿Cuánto durarán las criaturas? ¿Cómo será el mundo cuando vuelva a atravesar la plancha de metal? ¿Cómo podré abrirla? Me consuelo esperando que quien la construyera hubiera tenido en cuenta cualquier contratiempo. Oigo ruidos, ¿se ha caído una de las estanterías de víveres? No, son pasos. Pero es imposible: estoy solo en el colmado, nadie entró conmigo y fui yo quien lo abrió, cerró Mario. Espera, ¿Qué hay en la puerta? Mejor comprobar que cierra. Mierda; está atrancada, sí,… pero por dentro.

Historia de @zenalmor

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EL MOLINERO

Publicado por Mario Alfonso el 7 julio, 2020
Publicado en: Relatos, Villaflores. Etiquetado: @peaton_pulse, @zenalmor, Mario Alfonso. Deja un comentario

La leyenda comienza cuando un par de jóvenes  se enamoraron y terminan por decidir casarse. El joven era guarda forestal y animados por la madre naturaleza y deseando no tener que depender de las demás gentes y llevar una vida aislada acordaron buscar alojamiento y refugio fuera de la población y se aislaron en una zona de pinares en los montes próximos, la única población que había cercana era el poblado de Villaflores.

El poblado de Villaflores era un poblado de nueva creación, había pertenecido sucesivamente a las familias de los Cárdenas, los Ibarra, los Cortizos y desde 1.882 a la condesa de la Vega del Pozo, y de esa época es la leyenda. La condesa se rodeó de una colonia agrícola con escuela y ocho viviendas para los trabajadores, en poco tiempo el poblado se convirtió en una localidad bulliciosa y alegre, donde los lugareños hacían fiestas y eventos.

Los jóvenes convivieron felizmente durante varios años, hasta que el joven comenzó a sentirse indispuesto en un principio, para luego, conforme iban transcurriendo los días ir agravándose las molestias. El hombre acudió al poblado de Villaflores en busca de expertos que le pudieran aconsejar sobre la forma de curar su enfermedad y aunque distintos sanadores y curanderos le estuvieron observando,  y no viendo nada advirtiéndole que  seguramente debía ser que su mujer le estaba envenenando por algún motivo. El buen hombre no se los creía, pues amaba a su esposa y esta se comportaba normalmente como siempre la había hecho desde que se casaron.

No obstante, los comentarios en el pueblo seguían abundando e incluso se le dijo que su  mujer se había enamorado de un  molinero y estaba  procurando envenenarle poco a poco para al final poder abandonarle e irse a convivir con el molinero en cuestión.

A pesar de todos los comentarios que recorrían el poblado que le continuaban diciendo que la mujer le estaba dando bebedizos y comidas envenenadas, el marido seguía sin estar convencido y no quería creerse de tal  ofensa de las gentes del pueblo. Pero lo cierto es que el hombre cada vez se encontraba más enfermo y su salud fue empeorando  y llegó un momento en que pensó que iba a morir y, pensando que si moría su mujer se uniría con el molinero, decidió finalizar con esta situación, por lo que un día en que su mujer regresaba a casa tan contenta y amable como siempre, ya, exasperado  y destruido mentalmente agarró a su mujer  y echando sus dos manos al cuello  la ahogó y luego el mismo se mató, muriendo abrazado fuertemente a su mujer.

Al tiempo, en una de las ocasiones en que un cabrero pasaba por el lugar se encontró allí con el matrimonio muerto y ambos abrazados tumbados en el suelo, por lo que el cabrero procedió a enterrarlos juntos y así agarrados.

Desde esta acontecimiento en toda la provincia de Guadalajara se dice que en las noches de invierno y cuando existe una gran tormenta, se suelen escuchar diversos lamentos de un fantasmas, mitad hombre y mitad mujer, que inducen a que los vecinos sientan un enorme terror y todo hombre y mujer decide siempre rodear los pinares para no encontrarse con el doble fantasma.

Fotos:

Mario Alfonso

Historia:

Eva Saez @zenalmor

Localización:

Asentamiento de Villaflores, Guadalajara, fotos realizadas 2013.

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EL DÍA QUE PASÓ TODO

Publicado por Mario Alfonso el 20 enero, 2020
Publicado en: Historias, Relatos. Etiquetado: @peaton_pulse, @zenalmor, Mario Alfonso. Deja un comentario

 

IMG_9144El día que pasó todo, nevó. Era raro que nevara ya que estábamos en Marzo, pero el tiempo es lo que tiene, que a veces se vuelve loco. Mi hermana que acababa de cumplir 7 años estaba muy contenta, y cuando vio que nevaba se puso a cantar y a correr por toda la casa. La verdad es que me hacía gracia verla tan feliz.

Mi padre desapareció de nuestra casa un día después de Reyes yo ya había cumplido 5 años, ya que cumplo los años el día 5 de Enero y mi hermana aún no había cumplido el año. Mi hermana hasta ese día no había dejado de llorar ni una sola noche, yo pensaba que por culpa de eso mi padre se fue y aunque a veces se lo decía no me lo creía. No creía que mi padre se hubiera ido, que nos hubiera dejado a mi hermana y a mi. Que nos hubiera dejado con nuestra madre, solos con ella.

Mi hermana el día que desapareció mi padre, dejó de llorar y no ha vuelto a hacerlo. No lloró, cuando empezó a andar y se dio con la esquina de una mesa y se hizo una herida, que tuvieron que darle puntos, no lloró, cuando intentando patinar se cayó y se rompió un brazo, no lloró, cuando en el colegio le robaron su “única” Barbie, no volvió a llorar nunca.

Mi padre y mi madre no dejaban de gritarse, nunca había silencio en casa, se gritaban se insultaban e incluso se pegaban. Intentaban que yo no lo viera, sobre todo mi padre, me decía que si oía gritos me quedara en mi cuarto y que no me preocupara que mamá y el estaban bien.  Así que yo siempre estaba en mi cuarto. Los primeros 5 años de mi vida, viví en un sobresalto continuo, y los siguientes 7 echando de menos cada día a mi padre.

Mi padre jugaba conmigo, me cantaba canciones, me arropaba y se quedaba conmigo hasta que me dormía, a veces le pedía que me diera la mano y que no me la soltara hasta que me durmiera, hasta que un día, imagino que cansado de estar con la mano, me dijo que tenia que tener cuidado que a veces los gatos callejeros se meten por la ventana y se comen las manos de los niños. Desde entonces odio y temo a los gatos, sobre todo a los callejeros.

Mi madre el día que mi padre desapareció me dijo: “Tu padre nos ha dejado, ahora tú tendrás que cuidar de tu hermana” y eso fue todo, ya nunca volvimos a hablar de mi padre.

Mi hermana tardó en empezar a hablar, al menos tardó en empezar a comunicarse conmigo, porque yo la observaba cuando jugaba y daba la sensación de que hablaba con alguien. También tardó en andar, durante mucho tiempo se arrastraba con el culo, yo la intentaba poner de pie pero no podía con ella y nuestra madre casi nunca estaba en casa.

No sabíamos que hacia nuestra madre fuera de casa, a veces venía con un hombre, no siempre el mismo y nos mandaba a mi cuarto a los dos. Nos acostumbramos a pasar el día en mi cuarto, solo salíamos cuando teníamos hambre que yo iba a la cocina y hacía dos sándwiches de jamón york y queso, y los llevaba corriendo a mi cuarto. A pesar de que siempre la decía que se quedara a dormir conmigo ella siempre quería volver a su cuarto, porque decía que si no papá no iba a saber encontrarla. Siempre decía que papá la cuidaba y que todas las noches se quedaba con ella hasta que se dormía. Yo no la hacía mucho caso porque entendía que ella no le había conocido y que era normal que se imaginara cosas.

Siempre habíamos tenido regalos de reyes, aunque mi madre el día que se fue mi padre, me amenazó con no volver a tener ningún regalo para reyes ni para mi cumpleaños, que en mi caso eran dos regalos seguidos y eso me ponía muy feliz. No entendí que tendría que ver que mi padre se hubiera ido con que yo no volviera a tener regalo de reyes, si me lo traían los reyes magos, desde Oriente, y total ese año ya habían venido. El año siguiente lo entendí y a partir de ahí yo ya solo tuve un regalo…

Mi hermana siguió creyendo en los reyes hasta el día que pasó todo y vinieron esos tres hombres con mi madre y miraron a mi hermana como la miraron, al menos eso me contó después.

En el colegio yo empecé a ser el hijo de “la puta”, al principio no entendía porque las maestras me miraban con cierta pena, porque había niños que no querían jugar conmigo porque su madre se lo había prohibido, pero lo entendí rápido, entendí porque mi madre siempre estaba fuera de casa, y porque traía a hombres y nos obligaba a meternos en mi cuarto, pronto lo entendí todo, y lo acepte. Mi madre hacia eso para que tuviéramos juguetes, para que tuviéramos comida, mi madre trabajaba por nosotros, o al menos eso quise creer.

Mi hermana era mi mejor amiga, aunque nos llevábamos casi 5 años de edad, ella era muy lista y siempre me seguía en todos los juegos, me gustaba estar con ella, me gustaba hablar con ella, me gustaba que nunca llorara y me hacía gracia que hablará de nuestro padre como si de verdad le viera y hablara con el. Un día se lo comenté a mi madre, era uno de esos días que se había quedado en casa y nos hacia caso, mi madre se sobresaltó y se enfadó mucho, me dijo que no dijera tonterías, y que mi padre no podía venir por las noches a arroparla…

Llevábamos ya varios días en que la comida escaseaba, solo cenábamos y solo un sándwich, teníamos que quedarnos a comer en el comedor del colegio y no nos gustaba porque ahí los niños son más crueles, y a mi me preocupaba mi hermana, aunque estoy seguro que ya lo sabía pero a mi no me había dicho nada. Nuestra madre siempre estaba de mal humor pero ahora era insoportable, no nos dejaba poner la tele, solo podíamos estar en el cuarto y sin hacer ruido.

Dentro de su cuarto tenía un baúl con llave y a veces, yo creo que solo para fastidiar metía nuestros juguetes ahí dentro y cerraba con llave y se la llevaba con ella. Esos días eran los peores, veníamos del colegio y no estaban los juguetes, y entonces sabíamos que estaban ahí dentro pero no sabíamos porqué.

El día que pasó todo fue uno de esos días…llevábamos solos toda la tarde, estábamos viendo la tele y llegó mi madre con tres hombres. Mi madre me dijo “vete al cuarto” y yo le dije “¿Yo solo?” y mi madre dijo que si, y señalando a mi hermana dijo “Ella se queda” En ese momento miré a mi hermana que me estaba mirando con desesperación como suplicándome sin decir nada que no la dejara ahí.

Fui hacia ella la cogí de la mano y la llevé conmigo hacía mi cuarto, mi madre me soltó su mano con un golpe y me gritó que si no la había entendido. Uno de los tres hombres cogió a mi hermana por la cintura y la sentó encima de él. Mi madre me empujaba hacia mi cuarto y yo la empujaba a ella, gritándola “déjame” “no quiero”, otro de los hombres se acercó a mi madre y me pegó una patada en la cabeza, debí perder un poco la consciencia pero me desperté rápido, mi hermana gritaba, y mi madre y uno de los hombres se besaban… me levanté y fui corriendo hacia mi hermana, golpeé al hombre y el otro, el tercero, me cogió en el aire mientras me lanzaba contra la pared y a base de patadas me metió en el cuarto y cerro la puerta. Entre sueños oí muchos golpes, ruido, gritos y de repente silencio.

Me repuse e intenté abrir la puerta de mi cuarto, estaba atrancada por algo, no podía abrirla, empuje y empuje con todas mis fuerzas durante mucho rato, mientras gritaba a mi hermana, a mi madre, ya gritaba solo al aire, porque nadie me contestaba, no podía abrir la puerta, me asomé a la ventana y grité hasta que me oyeron y les pedí que llamaran a la policía que algo había pasado en mi casa… seguí gritando a mi hermana, pero no contestó…me la imaginé muerta al otro lado de la puerta, o aún peor que los hombres se la habían llevado.

Oí a la policía gritar en la puerta de casa, llamar a mi madre y finalmente tirar la puerta y entrar, gritaban y de repente silencio, yo empecé de nuevo a gritar…”Estoy aquí, estoy aquí” “sáquenme”, noté como movían algo y abrieron la puerta de mi cuarto. Un policía me abrazó y no me dejaba salir de mi cuarto, le empujé…gritando “¿Y mi hermana? Y salí, y ahí estaba ella, de pié, en silencio, sin llorar y rodeada de muertos, de sangre, los muebles destrozados.

Los tres hombres estaban muertos degollados y mi madre aparentemente no tenía ninguna herida, luego nos dijeron que había muerto de un infarto. Abracé a mi hermana y le pregunté si la habían hecho algo, ella me contestó que no, y que había sido papá el que había hecho eso, y que le había devuelto a su Barbie, que la tenia en la mano.

Y siguió diciendo eso durante muchos días, nadie entendía que había pasado, la puerta estaba cerrada con llave por dentro, todos los que estábamos en la casa antes seguíamos ahí, yo estaba encerrado en un cuarto y una niña tan pequeña no podía haber hecho eso, además no encontraban el cuchillo con el que los tres hombres habían sido degollados…

Yo le conté a la policía que mi hermana decía que había sido mi padre y que mi padre se fué de casa cuando mi hermana era un bebé y que no habíamos vuelto a saber de él. Le empezaron a buscar por todas partes, ya que era nuestro familiar más cercano y los dos éramos menores. Mientras aparecía mi padre mi hermana y yo fuimos alojados en una casa de acogida con otros 4 niños, yo era el mayor de todos y como tal empecé a actuar. La policía seguía viniendo con regularidad, y un día por fin me dijeron que habían encontrado a mi padre.

Cuando mi padre vivía en casa, él y mi madre no dejaban de gritarse, así día tras día, era tan continuo que mi padre le dijo a una vecina que se quedara conmigo. Mi hermana aún no había nacido y yo me iba a casa de la vecina casi todos los días. Tenía tanta relación con ella que pensaba que era mi abuela y la llamaba “yaya”, y creo que a ella le gustaba. Me encantaba ir a su casa porque tenía un arcón congelador muy grande y siempre me daba polos, estaba lleno de polos, helados, pollos, una vez hasta me enseño la cabeza de un cerdo. La “yaya” me contaba historias de miedo y me hacía cosquillas, a veces hasta me quedaba allí dormido y por la mañana venía mi padre a buscarme. Un día la yaya se murió, eso me dijo mi padre y ya no volví a verla.

Parece ser que la casa de la yaya la pagaba mi madre y que en esa casa seguía el arcón y que en ese arcón estaban la yaya y mi padre, y un cuchillo jamonero muy afilado en la mano de mi padre con sangre. Según me contó la policía mi padre era un atracador muy buscado, había robado hasta bancos y había desaparecido hacía siete años. Parece ser que mi madre le mató, y que antes había matado a la yaya porque amenazó con ir a la policía a denunciar mi situación. Pero aún se seguía sin saber como una niña de 7 años podía haber matado a tres hombres y luego meter el cuchillo en el arcón congelador de la casa de al lado.

Y fue entonces cuando supe que el día que pasó todo también estuvo mi padre en casa.

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  • Localizaciones:

Palacio en Bélgica.

Palacio en Francia.

Colonia Puerto de Contreras, Cuenca, España.

  • Fotos:

Mario Alfonso

  • Historia

Eva Saez, @zenalmor

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El hospital de Caramulo

Publicado por Mario Alfonso el 26 agosto, 2018
Publicado en: Hospital Abandonado, portugal, Sanidad. Etiquetado: Fantasmas, Peaton_pulse, portugal, zenalmor. 1 comentario

 

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Esperaba cada día con avidez a que saliera el sol, a veces por mucho que lo deseara no lo conseguía, llevaba un mes casi sin parar de llover, pero ese día lucía un sol impresionante, se alegró tanto… rememoró cuando había sido la ultima vez y recordó que había sido en mayo, a mediados de mayo y dijo para sí ¡Menuda primavera llevamos!

Nació el 6 de Junio de 1966, su padre pensó cuando le dijeron que había sido niño, que que buena fecha, me acordaré siempre del 6 del 6 del 66, 4 seises juntos, pero también lo olvidó, poco a poco fue olvidando todo, sin embargo siempre recordaba el Hospital de Caramulo, era de las pocas cosas que recordaba.

Una vez le dijo a su mujer, ¿porque no volvemos a Caramulo?, allí estuvimos de viaje de novios, y ella no supo que contestar, era la primera vez en 4 años que su marido le decía algo coherente, es cierto que habían estado allí, no solo en su viaje de novios sino cada año durante más de 20 años, hasta que el olvidó conducir.

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Cuando él olvidó conducir, ella ya tenía el carnet. No quería sacárselo pero su familia le decía que era conveniente que con la enfermedad de él nunca se sabía y podía necesitarlo. Así que ella se puso a ello, primero con el teórico que fue fácil, luego con el práctico que también lo aprobó. Lo peor habían sido las clases con el profesor que no dejaba de hablar de cosas intrascendentes y que a veces se llevaba un acordeón que tocaba mientras ella conducía.

El día 8 de Junio de 1966, le dijeron a su padre que su hijo había muerto, de repente, de forma inesperada, aun estaban los 3 en el hospital de Caramulo, había nacido por cesárea y ella tenía que recuperarse de los puntos, a ella no quisieron decírselo y cada vez que el entraba a la habitación a verla y ella preguntaba por su hijo el lloraba, y ella ya dejó de preguntar por su hijo, porque no quería ver como el lloraba y ya nunca volvieron a hablar de su hijo que nació el 6 de junio y murió el 8 de junio de 1966.

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Desde entonces cada año el 3 o 4 de Junio volvían al hospital de Caramulo, y el 6 de junio paseaban por los pasillos del hospital se cogían de la mano y escuchaban a los bebes recién nacidos, tampoco hablaban, nunca hablaron de su hijo y nunca tuvieron otro.

A el se le olvidó conducir el día 1 de enero de 1993, después de tomar las uvas con la hermana de el y su familia, habían ido hasta allí en su coche y el había conducido y al salir el se sentó en el asiento del conductor y la miró a ella y le dijo entre sollozos “no se conducir”, a partir de ese momento ella siempre conducía. No volvieron a Caramulo porque ella no quería conducir tanto y pensó que ya todo daba igual, hasta el día en que él, el 1 de Junio de 2010, después de llevar más de 4 años sin decir nada coherente, le dijo ¿Por qué no vamos a Caramulo?

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Ella entendió que eso era distinto, que él que a veces no recordaba girar en el pasillo de su casa y caminaba y caminaba ante la pared, no podía haber tenido un momento de lucidez tan grande y supo que tenia que ir a Caramulo. Se preparó para el viaje y el 4 de Junio salieron en dirección Portugal, llegaron por la noche del 4 de junio y pasaron la noche en un hotel cercano al hospital, durante todo el viaje, el había hablado con normalidad, hasta incluso se ofreció a conducir, pero ella no quiso.

Un medico amigo le había comentado que los enfermos de alzheimer, a veces tenían recuperaciones milagrosas momentáneas, que podían durar incluso unos días pero que luego volvían a recaer.

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El día 6 de junio subieron hasta el hospital, ella ya sabía que estaba abandonado y no sabía como reaccionaría el cuando lo viera. Afortunadamente estaba abandonado pero aunque ponía por todas partes que era una propiedad privada, se podía acceder al recinto. Al llegar el la miró, la sonrió y salió del coche por su puerta, subió la enorme escalinata y se dirigió hacia un pasillo, ella corría detrás de él, ya que el suelo no estaba en buen estado. Cuando el llegó al lugar donde había estado la habitación donde se encontraba su hijo en 1966 se detuvo y entonces la cogió de la mano y volvió a sonreír.

Durante los últimos 10 años cada día que hacia sol, ella conducía el coche hasta una carretera comarcal y allí cogía un camino de tierra hasta un alto donde se veía toda la ciudad, sacaba dos sillas de camping, las colocaba frente a la ciudad y ella y el veían como anochecía, cuando el sol se ocultaba guardaba las sillas y volvía a conducir hasta la ciudad. Durante el tiempo en que ella y el se mantenían sentados en sus sillas, ella hablaba y el escuchaba y parecía que él la entendía, que lo que escuchaba también era su vida, no solo la de ella sino también la de él.

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Ese 6 de junio de 2010, mientras él le apretaba su mano cada vez más fuerte, mientras los dos se mantenían juntos en un hospital abandonado en la sierra de Caramulo, en ese momento él se murió. En ese momento, justo en ese momento se oyó a un bebé llorar. Ella sabía que algo iba a pasar, le ayudó a caer al suelo, y le depositó allí, entre escombros, y fue a buscar al bebé que seguía llorando. Recorrió el hospital entero, cuando creía que se acercaba a la fuente del sonido ésta variaba radicalmente, y el sonido provenía de la dirección contraría, después de una media hora, el llanto paró y en ese momento ella fue consciente de que él se había muerto y volvió con el.

Ella se recorrió de nuevo el hospital abandonado buscándole y no lo encontró. Él no estaba, encontró los escombros donde le había depositado, pero él no estaba. La esperanza volvió a ella, empezó a llamarlo, a gritar su nombre, pero no se oía nada.

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Salió al exterior, buscó por los alrededores, fue al coche, pensando que él podría haber ido allí, y después de otra media hora buscando y gritando su nombre decidió llamar a emergencias, después de un rato consiguió hacerse entender y a los 40 minutos una ambulancia y un coche de policía se encontraban junto a ella. El comunicado que se dio por radio decía que un hombre español de 69 años con un alzheimer muy avanzado había desaparecido en las inmediaciones del hospital abandonado de Caramulo.

La cara de él salió en todos los programas informativos de Portugal y en los españoles también, ella estuvo allí casi un mes, hasta que decidieron dar por finalizada la búsqueda, y ella volvió a su casa, en España. Volvió sola. Era casi Agosto de 2010.

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Estuvo casi un año buscándole por todas partes, por las calles que paseaban juntos, por donde habían paseado antes, por los lugares que él había frecuentado antes, antes incluso de conocerla, sitios que la hermana de él le decía, de su infancia, de su juventud. Pero ella nunca le vio. Una vez al mes llamaba a un policía de Caramulo pero no había novedades sobre el caso.

El 6 de junio de 2011, por fin decidió dejar de buscarlo, ese día hacía un sol espléndido, y por la tarde cogió el coche, cogió las dos sillas de camping y después de conducir por la carretera comarcal, y coger el camino de tierra puso las dos sillas frente a la ciudad, y decidió que vería como se ocultaba el sol por detrás de la ciudad.

Puso las dos sillas como había hecho tantas veces durante los últimos diez años, y se sentó en la suya, la de la izquierda, la de siempre. Cuando llevaba un minuto sentada volvió a oír el llanto del bebé, el mismo llanto que había oído hacía justo un año en Caramulo, y miró a su derecha y ahí estaba él, sentado en su silla mirándola y sonriendo, alargó su mano hasta la suya, y en ese momento dijo: Nuestro hijo esta muerto, y desde ese día, ella cada día que hace sol, pasa las tardes hablando de todo con su marido.

  • Historia: Eva Saez, @Zenalmor
  • Fotos: Mario Alfonso @Peaton_pulse
  • Localización: Hospital de Caramulo, Portugal.

 

 

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HASTA Pronto

Publicado por Mario Alfonso el 15 abril, 2018
Publicado en: Cuenca, Educación, Fantasmas, Relatos. Etiquetado: abandono, Colegio abandonado, Fantasmas, Mario Alfonso, Peaton_pulse, zenalmor. 1 comentario

 

Esta historia pasó en realidad, y es la razón por lo que la colonia infantil del salto de Villalba fue definitivamente abandonada en el año 1972. En 1955 se había construido como residencia vacacional para los hijos de los ingenieros que trabajaban en la Central Hidroeléctrica del Salto de Villalba. Tenía dos pabellones, uno para niñas y otro para niños. El de niños estaba en la primera planta y para subir a él, se utilizaba una escalera en el exterior del recinto. El de niñas, que se llamaba Los castores, se entraba por ambos laterales de a planta baja, el de la derecha para las niñas menores de 9 años y el de la izquierda para las mayores. En la colonia se podía participar desde los 6 a los 13 años.

La colonia fue abandonada en 1969, y la hiedra poco a poco fue ocupando toda la residencia infantil, de vez en cuando alguien intentaba adecentar el espacio con la esperanza de que lo volvieran a abrir, y volver a oír los cantos y los juegos de los niños durante los veranos. Poco a poco, los del pueblo se fueron llevando las camitas de los niños y en realidad todos los elementos que podían servir para su casa.

Un día Julia, una chica del pueblo que venía a limpiar en casa de los ingenieros, pasando por la colonia abandonada  se encontró a una niña de unos 5 años, sentada en la escalera de la colonia que ya estaba llena de hiedra, Julia preocupada se acercó a ella. “Hola, porque lloras? Qué te pasa?” La niña la miró y sin dejar de llorar dijo: “Dartañan se me ha escapado y se ha metido ahí (señalando una ventana que estaba rota del edificio)” Julia preguntó “¿quién es Dartañán?” La niña sin dejar de llorar y con muchos suspiros: “mi gato”.

Julia se sentó a su lado en un escalón intentando tranquilizar a la niña. “ a ver, como te llamas?” “ me llamo Amalia” dijo la niña. Julia la cogió de la mano, se dio cuenta que iba vestida con un baby, y que éste tenia arañazos y alguna rotura. Julia señalando el baby “Esto te lo ha hecho Dartañan? “ nooo, el es muy bueno, me quiere mucho, es mi único amigo” Julia siguió preguntando, “y tus padres? Porque estás aquí sola?”, la niña miró hacia el suelo y empezó a llorar más fuerte, mientras le apretaba muy fuerte la mano a Julia. “Por favor, salvarás a Dartañan?” Julia sin saber que hacer, asintió con la cabeza, soltó la mano de Amalia y se puso en pie.

Rodeó todo el edificio para ver si había una entrada más fácil que la ventana rota por la que había entrado Dartañan, pero no encontró nada, así que decidió romper del todo el cristal de la ventana para que el agujero permitiera su paso, le costó no cortarse con la cantidad de cristales que se habían quedado en punta, pero gracias a su agilidad lo consiguió.

Empezó a andar despacio, no había casi luz, ya que las persianas estaban cerradas, había vegetación por dentro, al menos cerca de las ventanas, el lugar era muy  húmedo y Julia intentaba pisar con cuidado, no fuera a ser que el suelo que era de madera  y que con tanta humedad estuviera podrido se quebrara y ella se quedara atrapada.

Oyó al gato y le gritó “Dartañan, Dartañan, ven bonito” pero nada el gato no vino, volvió a repetir el grito varias veces y oyó su maullido, pero el gato no se acercaba. Julia seguía andando despacio, sin tocar mucho porque le daba un poco de asco todo y además no sabía lo que tocaba, de repente oyó  que el gato entraba en una habitación al fondo porque la puerta crujió y sonó, y Julia fue hacia allí, más deprisa para que el gato no se escapara. Empujo la puerta por la que había pasado el gato, era una puerta desvencijada con golpes, pensó que los del pueblo se habían pasado con esa habitación y entró.

Detrás de ella la puerta se cerró de un golpe, Julia miró hacia la puerta instintivamente, la puerta por dentro estaba nueva, pensó “Cómo puede ser?” de repente la habitación se llenó de luz pero la ventana seguía con las persianas cerradas.

Lo que Julia vio la puso mucho más nerviosa de lo que estaba. Era una habitación rosa, con una camita con una colcha rosa, el cabecero era blanco, había una mesilla a la derecha de la cama, y frente a la cama un armario blanco que estaba abierto y de donde colgaban muchos vestidos preciosos. Estaba claro que era la habitación de una niña, de una niña pequeña “¿De Amalia?” “¿Cómo puede vivir sola una niña en este lugar abandonado?” de repente se fijó en Dartañan tumbado sobre la cama y mirándola fijamente.

Julia sintió pánico, solo quería salir de allí corriendo, se fijó en las paredes estaban todas llenas de fotos, en todas aparecía Amalia, sonriente, con sus padres, con su gato, en el campamento, que imaginó que era esa colonia, con otras niñas de su edad…  no pudo más se dio la vuelta para salir corriendo, y allí estaba Amalia, mirándola, llena de sangre, el babi manchado de sangre, tenia una herida en la cabeza y la sangre le goteaba por uno de sus ojos. Julia gritó y se echó hacia atrás, mientras gritaba: “vete, quién eres?”.

Amalia grito, mientras señalaba la foto de sus padres “ELLOS ME MATARON, AHORA TE TOCA A TI!!!!”.

En el pueblo nadie volvió a saber nada de Julia, se oían rumores de todo tipo, que Felipe uno de los ingenieros jóvenes que casualmente se había ido de permiso el día que Julia desapareció se la había llevado con él, pero cuando volvió de su permiso, lo aclaró todo. Los padres de Julia dieron parte de su desaparición a la Guardia Civil, pero hasta ahora nadie a sabido nada de ella, y aún nadie ha vuelto a entrar en la residencia abandonada.

Y ahora preguntaréis que cómo se exactamente lo que pasó, pues porque me llamo Amalia y sigo buscando a mi gato.

 

 

 

Fotos: Mario Alfonso

Historia: Eva Saez @zenalmor

Localizacion:

  • Antigua Colonia De trabajadores de «Unión Eléctrica Madrileña». Cuenca.
  • Hotel en la presa de la  Toba.Cuenca.

 

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LAS MANOS

Publicado por Mario Alfonso el 24 diciembre, 2017
Publicado en: Cementerios. Etiquetado: Mario Alfonso, Peaton_pulse, urbexspain. Deja un comentario

                                                

El cristal me separaba del féretro. Tras él, un espacio y la caja inclinada con el cuerpo de mi madre. Como  una tarta en un escaparate. Estaba cubierta de un lienzo de raso blanco.  Salvo el óvalo de la cara y las manos.

Por las facciones del  rostro, apenas se la reconocía. Un mechón inusual la tapaba la frente, la nariz árabe, como la tuvo en vida, afilada en exceso y los labios deformes.

Las manos eran las suyas de siempre: alargadas, finas, los dedos como lápices, nervudos, pequeñas manchitas marrones teñían la piel del dorso y las uñas largas y sin pintar.

Mis hermanos se iban acercando uno tras otro, parecían evitar coincidir frente a ella. De pié con las manos agarradas delante del cuerpo o detrás, la miraban al rostro y después al suelo.

Nadie lloró, ni una sola lágrima se vertió en público en el entierro de mi madre. Sólo caras tristes que miraban su cuerpo en silencio

En un momento se abrió la portezuela detrás de la habitación mortuoria. Un  trabajador traía una corona de flores. “Tus hermanos te recordarán siempre” decía una cinta violeta que colgaba encima del circulo amarillo y blanco. Pensé entonces en que cómo mi hermana, tan minuciosa ella para estos detalles, podría haberse olvidado de encargar algo así. Estaba equivocada: segundos después, el mismo funcionario entró cargando otro conjunto ovalado de  lirios, claveles y margaritas “Tus hijos y tus nietos no te olvidan”. Se acercaron casi todos para verlo y después se disolvieron.

Yo permanecía sentada sola en un banco tapizado de terciopelo rojo, justo enfrente del cristal.

Las manos de mi madre. Cerré los ojos y el recuerdo me trajo la imagen de un bebe echado en una toquilla de lana azul. Estaba desnudo. Mi madre cogió con una mano las dos piernas al mismo tiempo y lo levantó. Con la otra mano deslizó un  pañal en forma de triángulo por debajo de sus nalgas. Lo ajustó a las ingles del pequeño y sujetó los tres picos con un enorme imperdible. Después tomó una camiseta de algodón blanco y le levantó. Puso la abertura superior en la cabeza del niño y lo introdujo primero por la nuca y después hacia la cara sin rozarla. El bebe sonreía mirándola. Después introdujo la manga de la camiseta arrugada de forma que agarró el puño del niño y tiró de él hasta que lo cubrió la manga. Hizo igual con la otra. Con una mano y agilidad de experta volvió al bebé boca a bajo y le abrochó la prenda.

Era una imagen de mi madre que se había acercado a mis recuerdos llena de sol; llena de las manos de mi madre, ágiles, eficaces y algo tiernas. Cogió al bebe entre sus brazos, coloco su cabeza entre su cuello y su hombro y lo acunó. Su mano a lo largo de la espalda del pequeñín, con los dedos separados. Moviendo el cuerpo. Quizá cantando una canción.

Podía haber sido uno de mis  hermanos, o uno de mis hijos o las imágenes del deseo de ser yo misma. Un ser pequeño entre las manos de mi madre, cuidado por ellas.

En ese momento un funcionario nos avisó. Iban a cerrar la tapa del ataúd. Nos preguntaba que si queríamos ir a darla el último adiós. Declinamos el ofrecimiento con cortesía y sin culpa.

Preferí quedarme sentada hasta el último momento contemplando sus manos yertas, inmóviles. Toda la falta de vida concentrada en esas manos incapaces de moverse. Cuando las dejé de ver, tuve ganas de llorar. Era curioso. No recordaba cuando mi madre me había tocado por última vez.  

Por un momento bajé la cabeza, miré mis manos y las ganas de llorar aumentaron. Llore. Mis manos eran similares a las de mi madre, alargadas, con los dedos finos, nervudas y con las uñas largas sin pintar. Muy parecidas, casi idénticas.

Foto: Mario Alfonso del cementerio de Santa Maria de Madrid

Texto: Susana Alfonso/Abril 2011

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Mis 9 mejores fotos de abandonos de 2017

Publicado por Mario Alfonso el 12 diciembre, 2017
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: fotografos, Peaton_pulse, urbexspain, zenalmor. Deja un comentario

Hoy he descubierto un nueva aplicación, bueno ya se que no es nueva, pero yo no la había usado hasta este año, se trata del ‘best nine’. El Bestnine es básicamente una recopilación de tus nueve mejores fotos del año, aunque no mejores en el sentido de más artísticas o mejores técnicamente, sino las nueve publicaciones que han tenido más éxito en tu perfil de Instagram Durante 2017, es decir, aquellas fotos que han tenido más ‘Me Gusta’ por parte de tus seguidores y amigos. Y si, yo también tengo instagram, mi nombre de usuario es @peaton_pulse, y lo podeis curiosear todo lo que querais ya que tengo el perfil abierto.

No tienes que hacer el #bestnine a mano buceando por todas las fotos de tu perfil, sino que hay herramientas que facilitan su creación y no tardarás más de unos segundos. Desde este blog os recomendamos 2017bestnine.com por su sencillez. Existen muchas otras herramientas online para crear el collage, pero destacamos esta página porque no necesitamos darle acceso a nuestra cuenta, ni nos pide permiso de ningún tipo, simplemente metemos nuestro nombre de usuario en Instagram y en unos segundos analizará cuáles son las fotos con más ‘likes’. El resultado es nuestro #bestnine:

IMG_0422

Además podemos descargar varias versiones del mismo, pudiendo incrustar en la imagen el número total de likes que has conseguido en todo el año, o la versión “Photo only” que, obviamente, es el collage de 9 fotos sin ningún añadido más. Simplemente guardamos esta imagen y ya podemos pasarla al smartphone para subirla a nuestro Instagram, o como veis en la imagen la podemos compartir en otras redes sociales como Facebook o Twitter (@DeUrbex, por si os apetece curiosear por ahí tambien)

.Por otro lado, como esta web no pide permiso para acceder a las cuentas, podemos curiosear cuáles fueron las 9 mejores fotos de cualquier perfil de Instagram, siempre y cuando sea público, claro.

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