Madrid
Un poco de historia.
En 1956 se abrió el hospital militar de La Marina. Un gran edificio de 5 plantas con 94.00 metros cuadrados. En 1994 ceso su actividad y su deterioro ha sido previsiblemente inexorable hasta llegar a la situación actual.
Situación actual.
El complejo está ubicado en una gran superficie boscosa con el perímetro de la misma con un conjunto de tapia valla. No es posible el acceso por la puerta principal por lo que hay que recurrir a la entrada por la tapia.
Hay un conjunto de un edificio grande y otro auxiliar de aspecto parecidos los dos pero de distinto tamaño. A demás se puede apreciar la existencia de una pequeña piscina y de un bunker de la guerra civil.
Verja de la entrada principal.
Bunker de la guerra civil.
Maquina de rayos X
Laboratorio de análisis clínicos.
Capilla.
Cuenta la leyenda que un día un pastor condujo el ganado hasta el monte y por la mañana aparecieron todos muertos: las ovejas y su guía. Fallecieron en la misma finca en la que vivían, en El Alamín. El pánico se extendió por el poblado y sus habitantes huyeron. En los foros de Internet esta historia del abandono del municipio serrano, que se produjo hace más de diez años, se ha esparcido como la pólvora. El lugar se ha hecho famoso como pueblo fantasma y aficionados a los fenómenos paranormales van cada fin de semana para grabar psicofonías y recorrer sus tres calles de tierra, el convento, la iglesia, la escuela, el bar y las 40 casas que siguen en pie.
Los habitantes de Villa del Prado (6.182 habitantes) están hartos de la situación. El Alamín es parte de su término municipal y muchos de los que hoy viven en Villa del Prado vivieron en su día en el poblado de 40 casas, trabajando las tierras del marqués de Comillas. «Ahí no hay fantasmas, lo garantizo», afirma Rafa Cuéllar, de 37 años, uno de los últimos en abandonar el núcleo de casas. Su familia y las demás se fueron cuando el marqués bajó el ritmo de cultivo de la finca, que se dedicaba sobre todo al tabaco y al algodón. El marqués construyó el poblado en 1957 precisamente para que sus trabajadores no tuvieran que desplazarse. Hace ocho años dividió su parcela en tres y las vendió. Las 40 casas pertenecen hoy a una empresa que se llama Residencial Rural El Alamín. Un colchón tirado en el suelo con una pintada que dice «moriréis» es lo primero que se encuentra quien visita el poblado. Se dice que el espíritu de un sacerdote pulula por la antigua parroquia y que se aparece en las fotografías. También se dice que los teléfonos móviles pierden la cobertura en el pueblo. Historias de miedo, todas falsas.
Los habitantes se fueron cuando bajó el ritmo del cultivo en la finca
Lo más que le puede pasar a alguien en El Alamín es llevarse un susto cuando las ventanas baten, cuando la hierba silva con el viento o cuando la verja medio rota de la entrada resuena al golpear con la piedra que la sujeta. Eso o toparse con uno de los 20 hombres disfrazados de militares, con pistolas de aire comprimido. Son jugadores de air soft, un entretenimiento que consiste en simular una guerra, que utiliza las instalaciones para sus partidas. «Nunca nos hemos encontrado ningún fuego fatuo», bromea uno de los jugadores.
«Los nuevos dueños han tenido que reponer la verja ni se sabe cuántas veces. La rompen para entrar», asegura Miguel Ángel Sampayo, concejal de Planeamiento, Urbanismo, Obras Públicas, Comercio, Régimen Orgánico y Medio Ambiente de Villa del Prado. «Se han llevado hasta la campana de la iglesia, de hierro forjado», añade. Él no vivió en El Alamín, pero conoce a familias que sí lo hicieron. Como la de Rafa Cuéllar, que fue bautizado en la iglesia, compartió clase con 15 niños más en la escuela del poblado hasta quinto de EGB y disfrutó de las romerías, procesiones y fiestas varias que se celebraban. «Me hubiera gustado casarme ahí», asegura el hombre, sentado en el Ayuntamiento de Villa del Prado.
Su padre, Dionisio, fue chófer del marqués de Comillas. Luego se dedicó a cuidar del ganado bravo. «Sólo pagábamos la luz», recuerda Cuéllar. Las casas pertenecían al marqués, y cuando los trabajadores se jubilaban la dejaban, con el mobiliario incluido, que hoy está destrozado. En los buenos tiempos, más de 150 personas vivieron en El Alamín. «Era un lugar precioso y hacíamos lo que queríamos, como sacar la mesa en mitad de la calle», cuenta. Cuéllar abandonó el pueblo a los 26 años. Su familia fue de las últimas en irse. Se mudaron a un piso en Villa del Prado.
El hombre tiene todavía en mente a las monjas del convento, las noches de Navidad hasta las tantas de la madrugada en el bar, que todavía guarda las cajas llenas de cascos de bebidas, y las veces que el marqués acudía al poblado para asistir a misa. Hace años que no visita el poblado. «Me da mucha pena cómo está», dice, en alusión a los destrozos y a la vandalización que sufre. Su madre tampoco lo visita ya por el mismo motivo. Su padre falleció.
El plan de los nuevos propietarios es arreglar las casas y ponerlas a la venta, según explicó uno de los miembros de Residencial Rural El Alamín. «Por ahora, como andan las cosas, no lo vamos a poder hacer», argumentó. Como siempre, la crisis. El día que lo hagan, Rafa Cuéllar será el primero en comprársela y los espiritistas se quedarán sin pasatiempos.
Fuente de la información: El País.

Estos dos edificios están ubicados en la sierra de Madrid. Siempre que pasaba por allí veía uno de ellos y me llamaba mucho la atención la majestuosidad de la entrada que es lo único que se ve a simple vista. El que se ve desde la carretera debe de llevar sin habitar décadas a la vista del deterioro estructural. Con el acceso a la segunda planta por escalera completamente desplomado amenaza completo derrumbe. A pesar del estado lamentable presenta la elegancia de las construcciones de principio del siglo XX. La marquesina de la entrada dispone de unos soportes metálicos a modos de mini columnas realmente interesantes.
El segundo edificio está separado del primero y podría ser la casa de los guardeses ya que ambos comparten la zona de los jardines. Parece que ha sido habitado hasta hace pocos años.
Lo curioso del segundo edifico que se ha usado para algún tipo de iglesia o secta.
Así se ve la entrada desde la carretera a “Villatres”.
La parte de atras del primer edificio.
La Puerta de servicio que daba acceso al Gran jardín y a la segunda construcción.
Acceso al segundo edificio que funcionó como “iglesia de San Rafael”.
Plataforma elevada se sería posiblemente un cenador.
Preciosa fuente en el jardín.
Estado lamentable de las escaleras de acceso a la segunda planta.
El hospital de la Tablada esta en Navacerrada en la Sierra norte de Madrid. A Mediados del siglo XX se construyeron en España muchos sanatorios para el tratamiento de Tuberculosis, lepra y otras pandemias que asolaban a la población.
Fue hospital para tuberculosos y hasta 1995 funciono como hospital psiquiátrico. En este lugar se rodó la famosa película de terror de los años 70 “La noche de Walpurgis”.
Mucho se ha dicho a cerca de fenómenos paranormales. En mi caso naturalmente no vi ni oí nada extraño pero la sensación de caminar por las estancias sobre todo las mas oscuras es bastante aterradora.






























































































































































































































